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Todos los cursos y talleres son dirigidos por Daniel García.
 
 
MISCELÁNEAS
Asesinos: a cuidarse!
Besos y fotografías
El Flash
Fotografía contemporánea
Henri Cartier-Bresson en la lluvia
Jorge Luis Borges y Henri Cartier-Bresson
Las siluetas
Miren el pajarito
Robert Capa
Una cámara que vale oro
Glosario fotográfico
Maestros de la fotografía
 
Asesinos
La idea de que las fotografías tienen la potencialidad de revelar ciertos hechos o sucesos está implícita desde que, en 1839, se patentaron los daguerrotipos. Esta idea - o sensación - se reforzaba ante las imágenes de figuras fantasmagóricas producidas por modelos que se movían durante la toma; o por el empleo de una misma placa para dos o más tomas; algunas veces por error, y otras veces causadas por la intencionalidad del fotógrafo.

Incluso, bastante tiempo antes, en 1868, con la intención de descubrir la identidad de un asesino, algunos médicos forenses fotografiaron la retina de las víctimas con la absurda esperanza de conseguir una imagen de la escena del crimen o, quizá, el mismísimo retrato del asesino. Creían que el ojo, en el momento de la muerte, podía comportarse como una cámara fotográfica, capaz de retener y conservar durante algún tiempo, en la retina, la imagen percibida en el último instante de vida.
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Besos famosos
Alfred Eisenstaedt
1945
Robert Doisneau
Paris 1950

El filosofo Heráclito de Efeso afirmaba que nuestra relación con el mundo exterior es a través de los sentidos. Esto nos hace pasibles de incurrir en errores y caer presa del engaño. Tenemos mayores posibilidades de equivocarnos cuando estamos limitados a utilizar sólo uno de los sentidos, como sucede cuando miramos fotografías.

Existen dos fotografías muy célebres de besos en la calle. Una del fotógrafo prusiano Alfred Eisenstaedt y otra del francés Robert Doisneau.

Estas dos fotografías muestran lo mismo de distinta manera. Por un lado, la de Eisenstaedt, que es espontánea, muestra una situación real y no una escena armada para la foto. El fotógrafo la tomó en 1945 en Time Square, durante el desfile de la victoria de los marinos, a fines de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento de algarabía un marinero besó a una enfermera y Einsenstaed logró captar el instante. Por otro lado la fotografía de Doisneau parece una instantánea a pesar de ser preparada, pues para realizarla le pidió formalmente a una pareja de estudiantes de arte dramático que posaran para la foto.

La espontaneidad o armado en una fotografía marca la diferencia en cuanto a la esencia de la misma; por un lado las preparadas carecen prácticamente de valor documental y el acto fotográfico de las mismas es nulo en contenido, aunque pueda tener valor estético o conceptual. Por otro lado las fotografías espontáneas son acto fotográfico puro y, consecuentemente, un documento histórico. Es importante aclarar que, en este caso, ambas fotografías son obras valiosas independientemente del acto fotográfico.

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El Flash
A fines del siglo XIX se inventó el flash. Consistía en un recipiente hecho de metal en el que se depositaba algodón-pólvora mezclado con polvo de magnesio: al encenderse provocaba un brillante fogonazo, acompañado de una nube de humo que desprendía un fuerte mal olor. Cuando todavía no era de uso generalizado alcanzó a provocar no pocos equívocos. Así fue que el diario neoyorquino Sun reportó en 1888: "Extraños acontecimientos han sumido en la intranquilidad las noches de nuestra ciudad. Son varios los testigos que afirman haber distinguido en la penumbra a tres o cuatro fantasmagóricas figuras cargadas de bultos. Luego, vieron un relámpago, oyeron unas pisadas que se alejaban... y los misteriosos visitantes habían desaparecido sin dejar rastro".

Alertada la policía, descubrió pronto la identidad de los fantasmas: eran el reportero Jacob A. Riis y los fotógrafos aficionados Henry G. Piffard y Richard H. Lawrence. Se encontraban recopilando material para el primer trabajo documental sobre la vida de los vagabundos, borrachos y otros personajes del submundo neoyorquino. Esta obra se publicó, en 1890, bajo el título How the other half lives (Cómo vive la otra mitad).
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Fotografía contemporánea

A partir del llamado arte conceptual, prácticamente todas las barreras entre las diferentes disciplinas han ido desapareciendo.
El llamado body art o arte corporal ha utilizado a la fotografía, en un principio, para documentar un acontecimiento artístico, a modo de registro de algo efímero.
Posteriormente, muchos de los actos del arte corporal no habrían tenido sentido de no existir una cámara fotográfica presente. Sucede que se planifican deliberadamente para ser fotografiados.

Tres casos bastante particulares corresponden a los siguientes artistas:

Gina Pane
, quién en 1972 se cortó con una cuchilla los hombros , el antebrazo, el lóbulo de la oreja, etc., dirige a un fotógrafo para que haga tomas de sus acciones, perfectamente planificadas con anterioridad, tanto en los encuadres como en los acercamientos, buscando la máxima expresividad y transmisión de sensaciones.

Por su parte, Vito Acconci (n. 1940) marca distintas partes de su cuerpo y de otros con mordeduras. En 1971 colocó cucarachas sobre su piel, para luego matarlas con su mano frotándoselas encima. Por supuesto de todo esto deja importantes registros fotográficos que le dan algún tipo de sentido a sus actos.

El caso de Dennis Oppenheim (n. 1938) es quizás, de los tres, el más relacionado con la fotografía. Su trabajo llamado "Postura de leer", consta de dos fotografías. En la primera se lo ve tomando sol con el torso desnudo y un libro de título "tactils" apoyado sobre su abdomen. En la segunda toma, realizada cinco horas después, se aprecian las marcas rojas dejadas por el sol en partes de su cuerpo con excepción de la que estuvo protegida por el libro. De esta manera utiliza su cuerpo como película fotográfica o material fotosensible. Entre una toma y otra se puede apreciar como las sombras han cambiado, producto del cambio en la posición del sol durante el tiempo transcurrido.

Más inofensivos son aquellos fotógrafos europeos que toman fotografías sin película fotográfica porque consideran que lo importante es el acto fotográfico y no la huella dejada por el mismo (de estos casos tengo referencia aún no debidamente confirmada).

Daniel García

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Henri Cartier-Bresson en la lluvia
Henri Cartier-Bresson
Detrás de la Estación Saint-Lazare, París 1932

Henri Cartier-Bresson (1908-2004) es reconocido como uno de los mejores fotógrafos de todos los tiempos. Se hizo famoso por su idea del momento decisivo (la captación de lo efímero), conjugando los acontecimientos con composiciones rigurosas que muestran una excelente visión global de lo que fotografiaba.

Mientras que se desarrollaba una muestra de su obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Bresson sale de la sala de exposiciones rumbo a su hotel en el momento en que comienza a llover a cántaros y los transeúntes buscan refugio. Motivado por la escena, se lanza bajo la lluvia a tomar fotografías en busca del "momento decisivo". En plena actividad escucha que un hombre exclama: "Miren a este tipo. ¡Otro más que se cree Cartier-Bresson!" La anécdota -contada por él mismo, hombre al que la fama no cautivaba- resume bien las paradojas de su larga actividad.
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Jorge Luis Borges y Henri Cartier-Bresson
Henri Cartier-Bresson
Marsella, Francia 1932


En 1991, en un especial radiofónico, Cartier-Bresson contaba por qué consideraba que en su vida -actividad fotográfica incluida- le debía todo al azar. Para ejemplificarlo, contaba cómo un día (en el año1986) recibió una llamada telefónica de parte del escritor Jorge Luís Borges, quien deseaba saber si iba a aceptar un premio, al cual Borges quería nominarlo.
El premio era ofrecido por una rica mujer que vivía en Sicilia. Era para todo tipo de artistas. Lo que distinguía este premio de la mayoría de otros era que el ganador del premio anterior, nominaba, después de dos años, al siguiente. Y ahora Borges quería dárselo a Cartier-Bresson. “¿Por qué a mi?” Preguntó. Porque soy ciego, dijo Borges, y quiero dártelo en reconocimiento a tus ojos.

Cartier-Bresson
sintió que no podía rechazar a Borges.
Pero Borges murió antes de que fuéramos a Palermo, que era donde se entregaba el premio. Borges se había criado en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, Argentina, y yo había sido concebido en Palermo, en Sicilia.
Antes de morir, le dijo a Maria (Kodama) que ella sería la encargada de dármelo en su lugar
”. Así que Cartier-Bresson viajó a Palermo para la ceremonia de premiación. Allí fue hospedado en un viejo hotel de alta reputación. El nombre, o algo parecido, era familiar para él. Finalmente encontró por qué. Era el hotel en el que se habían hospedado sus padres en su luna de miel. él había nacido nueve meses después. En este mismo hotel, donde fue alojado porque sus ojos habían ganado un premio, él había sido concebido. “En la vida todas son coincidencias”.

Esta historia ha sido aportada por Pablo Cabado de Argentina.

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Las siluetas
En la aristocracia y en la burguesía francesa del siglo XVII las sesiones de las llamadas sombras chinescas constituían un entretenimiento de sociedad. Existía también una producción popular de papeles recortados representando paisajes o escenas varias, conocidos con el nombre de canivets, porque se obtenían mediante un canif (navaja).
A estos canivets, los podemos situar entre los antecedentes ideológicos (no técnicos) de la fotografía, por la intención de fijar las imágenes sobre papel sin la necesidad de dibujarlos, al igual que las llamadas siluetas.

El auge de las siluetas se correspondió a la época de Luis XXI quién nombró en el año 1750 a Etienne de Silhouette como Interventor General de Finanzas. Bien acogido al principio como salvador del tesoro público, rápidamente se hizo impopular hasta el extremo de llamarse “a la silluette” a las cosas mal hechas, a la sombra de si mismo y por antonomasia al tipo de retratos en que se veía solo el perfil.
Fotográficamente se llama siluetas a aquellas tomas fotográficas en las que, sobre un fondo claro, se puede observar los contornos de los objetos o sujetos, ubicados delante, pero sin poderse apreciar los detalles constitutivos de los mismos.

El atractivo de las siluetas se debe al poder de síntesis que tienen las mismas, aunque para ser más interesantes deben utilizarse en la composición figuras de contornos reconocibles.
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Miren el pajarito
La aparición de la fotografía llamó tan poderosamente la atención del público que su difusión en el mundo se produjo a pasmosa rapidez. De todas formas, casi con la misma rapidez, la evidencia de que la cámara reproducía al modelo con una veracidad sin compromiso, disipando acariciadas expectativas de juventud y belleza, desilusionaba a muchos. La reina victoria, que había sido pintada por Alfred Chalon, pintor de la corte, completamente irreconocible por exceso de adulación, le preguntó a éste si no tenía miedo que la fotografía arruinase su profesión, a lo que respondió: Imposible, la fotografía no puede adular.

Otra cosa que sorprendía al público era que el fotógrafo pudiese retratar a un grupo de varias personas con la misma rapidez que realizaba el retrato de una sola persona. Sin embargo, muchos fotógrafos cobraban más por los retratos de niños, alegando que había mayores probabilidades de estropear varias placas debido a la impaciencia de los pequeños que no se quedaban inmóviles el tiempo suficiente para tomar la fotografía. Incidentalmente, fue un daguerrotipista parisiense llamado Marc Antoine Gaudin el que en 1843, para lograr que los niños se mantuviesen quietos durante la toma, introdujo la famosa frase: "ahora miren la caja y verán salir un pajarito".
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Robert Capa
Robert Capa
El desembarco en Normandía, 6 de junio de 1944

El fotógrafo de guerra más célebre de la historia es el húngaro Robert Capa (1913-1954). Presenció, con su cámara, la Guerra Civil Española (1936), la Invasión Japonesa en China (1938), la Contienda Palestina (desde 1948 hasta 1950) y la guerra de Camboya, donde murió en 1954. Pero, sin duda, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico más importante de todos los que fotografió. Allí, durante el desembarco de las tropas norteamericanas en Normandía, el 6 de Junio de 1944, conocido como el Día D, tomó una de sus más emotivas fotografías. Capa se desplazó por el agua junto a la primer avanzada de soldados, y logró captar este momento de manera extraordinaria.

Seguramente las imperfecciones técnicas de esta fotografía no fueron intencionales, pero realzan la imagen. Fuera de foco, con grano y movida, evidencia que fue tomada en el fragor de la lucha. La característica de "introducir" al espectador en la escena es propio de las mejores fotografías de Capa, y lo consigue gracias a la fidelidad a su premisa que reza: "una foto no es lo suficientemente buena si el fotógrafo no se acercó lo suficiente". De alguna manera él nos introduce en sus fotografías, intrépidas y atrevidas, haciéndonos “partícipes” de la situación.

Algo curioso con respecto a esta instantánea es que, cuando se revelaron los negativos de Capa en la oficina del Time Inc. de Londres, un laboratorista sobrecalentó la película, causando la destrucción de todos los negativos, exceptuando once de ellos, uno de las cuales corresponde a la fotografía que se muestra.
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Una cámara que vale oro
Leica es una de las más afamadas marcas de cámaras fotográficas en el mundo entero. Una de las particularidades de Leica es la de haber sido la primer marca en utilizar para uso fotográfico, película de cine de 35mm.

En 1913, Leica fabricó tres prototipos artesanales, para uso experimental. Recién en 1925 salieron a la venta los primeros modelos de Leica para uso popular. En 1930 presentó su modelo Luxus, cuya particularidad era que todas sus piezas metálicas estaban bañadas en oro. La cámara estaba acompañada de un estuche especial, con manija, al estilo de un monedero de dama.
En ese momento, su precio oscilaba entre 250 y 500 dólares, según la versión; o sea: el doble que una cámara del mismo modelo, sin baño de oro. Los coleccionistas, hoy en día, cotizan estas cámaras en valores cercanos a los 100.000 dólares.
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